"Su sociedad está condenada", Ayn Rand

"Cuando advierta que para producir usted necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces usted podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad esta condenada"

Ayn Rand, 1950. Rand (1905-1982). Filósofa Ruso-Estadounidense

sábado, 4 de junio de 2016

CONSECOMERCIO RECHAZA CENTRALIZACIÓN GUBERNAMENTAL DE DISTRIBUCIÓN DE ALIMENTOS

El Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) rechaza en nombre de sus afiliados y del sector terciario formal la pretensión gubernamental de centralizar la distribución de los pocos alimentos que se pueden producir o procesar en el país.

Para el máximo organismo gremial de los comerciantes y expendedores de servicios, es evidente que la medida sólo responde a fines políticos y no sociales.

Además, sin logística ni organización gerencial capaz de administrar dicha poca disponibilidad de alimentos con un mínimo de eficiencia, dicha canalización no impedirá que el sistema termine convirtiéndose en un empeoramiento de la escasez, y en un afianzamiento de la corrupción.

El empeoramiento estará dado por una canalización y  entrega de los productos de manera discrecional, a capricho de los funcionarios. Y, desde luego, por una ampliación del mercado negro y del llamado “bachaqueo”. Todo en el medio de una mínima oferta de alimentos que administrarán los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), y de unas supuestas Comunas influidas o conducidas por los llamados “colectivos”.

El Gobierno que hoy pretende concentrar la distribución de alimentos  en todo el país, es el mismo que viene de fracasar con el manejo de sus redes mercal, pdval y bicentenario. Indistintamente de que para ocultarlo, ahora quiera convencer a los consumidores de que todo lo harán las juntas comunales y las comunas.

Históricamente, los consumidores venezolanos nunca tuvieron dificultades para hacer las compras de alimentos en el comercio formal. Y los problemas para hacerlo comenzaron cuando se expropiaron los terrenos productivos, las industrias procesadoras, y se impusieron los controles de cambio y de precios para debilitar a la empresa privada del país.

La consecuencia de ese erróneo procedimiento ha sido la escasez y el desestímulo a la inversión privada. Además, 30 millones de consumidores en la calle que no saben en dónde comprar, cuándo hacerlo, ni a qué precio, en vista de que la inflación ha sido institucionalizada en el país por el Poder Ejecutivo y el Banco Central de Venezuela, para mantener el funcionamiento de un macroestado manirroto, derrochador e inauditable.

Consecomercio rechaza la pretensión centralizadora gubernamental de la distribución de alimentos. También deplora que ante la exigencia de los consumidores de que se les permita satisfacer su necesidad alimenticia, como lo consagra la vigente Constitución del país, la respuesta gubernamental sea, antes que una solución, la de la agresión y la represión.

Mientras que las autoridades actúan de esa manera, los saqueos por necesidad y vandalismo siguen expandiéndose, provocando destrucción en el comercio formal, y condenando a los consumidores a ir de un lugar a otro en procura de alimentos que no se producen en el país, ni se importan en las cantidades y calidad que demandan los consumidores venezolanos. Todo asociado, además, a las peripecias que se hacen alrededor de un sistema cambiario que lo distinguen su destrucción devaluacionista  y su opacidad administrativa.

Para el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios, es hora de soluciones en materia de abastecimiento de alimentos. Eso pasa por la aceptación de que no habrá abastecimiento, mientras no haya un diálogo productivo entre los llamados a solucionar dicho serio y grave problema: las autoridades, la empresa privada y los trabajadores.


Y, por otra parte,  se admita que sólo el libre emprendimiento y el libre mercado, como sucede en el resto de los países del Continente, harán posible que la oferta dependa de quienes acometen los riesgos económicos, no del capricho burocrático del momento. Un capricho dirigido y empeñado en controlar y someter a la ciudadanía, antes que en garantizarle alimentos, medicinas, seguridad, y condiciones para vivir digna y decentemente.

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