"Su sociedad está condenada", Ayn Rand

"Cuando advierta que para producir usted necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces usted podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad esta condenada"

Ayn Rand, 1950. Rand (1905-1982). Filósofa Ruso-Estadounidense

viernes, 21 de mayo de 2010

ANTE LAS EXPROPIACIONES E INTERVENCIONES ARBITRARIAS

Quien suscribe, Médico Veterinario, Profesora de la Cátedra de Producción Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UCV, y esposa e hija de productores agropecuarios, quiere hacer del conocimiento público su gran preocupación y su rechazo por los hechos ocurridos durante los últimos meses, en los que se ha vulnerado y atropellado la propiedad privada de aquellos productores agropecuarios que día a día contribuyen con la producción de rubros importantes en la mesa del venezolano. Específicamente, las expropiaciones contra los productores del Valle de Tiznados, del Valle de Tucutunemo y la Hacienda La Carolina, entre los más sonados, y todos aquellos rescates por “tierras ociosas e incultas” sin procedimientos ajustados a derecho.



En ese sentido considero que la seguridad alimentaria de la Nación jamás podrá garantizarse con actos de retaliación política a grupos económicos poderosos, ni con demagogia electoral a los grupos más desvalidos. Son esos grupos económicamente más poderosos quienes dan empleo a los grupos más desvalidos, y quienes mantienen un sano aparato productivo. Esos actos, lejos de estimular la producción de alimento, destruyen la cadena de comercialización, generan desempleo y pobreza, incertidumbre y desinversión, que se traducirá inminentemente en una mayor dependencia de las importaciones de rubros que cada vez están menos disponibles en el contexto mundial.

Hay que revisar las políticas agroalimentarias y hacer una evaluación más profunda acerca de por qué no producimos todo lo que consumimos, y peor aún, por qué no consumimos todo lo que debemos. Las respuestas están en primera instancia en el control de precios desde hace 2 años con una inflación sin control, la inseguridad personal (alrededor de 400 secuestros en lo que va de año) y la inseguridad jurídica a través del estímulo a las invasiones de fincas, y las denuncias infundadas por tierras “ociosas e incultas” sustentadas solamente en intereses oscuros de pocos que son afectos al gobierno. Aunado a ello, el control de cambio, las políticas arbitrarias de comercialización de los productos, las importaciones discrecionales, el deterioro de los servicios públicos, y la ausencia total o parcial de vías de penetración.

En el caso específico de las expropiaciones antes mencionadas, vale decir que son explotaciones manejadas con conceptos gerenciales, con inversiones importantes en tecnología, en el manejo de los registros, en mejoramiento genético de animales adaptados, en fundación y mantenimiento de potreros, y algunas de ellas le dan valor agregado a sus productos, a través de la elaboración y venta de productos derivados.

Entonces, me permito hacer las siguientes interrogantes:

¿Alguien pudiera pensar que existe algún productor que no quiere que su negocio sea rentable y le produzca algo de dinero?

¿Es más importante la producción de vegetales que la producción de carne en terrenos donde históricamente se ha producido forraje de excelente calidad para consumo animal y la subsecuente producción de proteína de alto valor biológico para consumo humano?

¿Quién está calificado actualmente en el alto gobierno para decidir que terrenos están ociosos, y bajo qué criterios técnicos? Y en el mismo orden de ideas, ¿están también los miembros de los Consejos Comunales o los campesinos capacitados para hacerlo?

Podemos dejar en manos de campesinos la seguridad alimentaria del país?. ¿Cuentan ellos con bienestar social (sistemas de salud eficientes, centros de capacitación, etc., suficientes)?

Qué sistema socialista ha perdurado en el tiempo, que haya permitido un bienestar social real? En ese sentido, ¿puede este “socialismo del siglo XXI” en bancarrota (que todavía no se ha definido) implementar políticas de subsidio como en los países desarrollados, que estimulen la producción nacional de alimentos?

Si la propiedad de la tierra es del Estado, ¿puede alguien que no sea propietario real producir eficientemente?

Ahora bien, lo más preocupante de todo es la apatía y el desentendimiento de aquellos conciudadanos a los que todavía NO LES HA TOCADO, la falta de solidaridad que puede estar acompañada de un miedo libre, fundado en antecedentes garrafales como aquella lista innombrable, que jamás podremos olvidar por el daño que le hizo a nuestra sociedad. Sin embargo, es indiscutible que lo que viene es peor, y que de alguna manera, directa o indirectamente, todos estaremos afectados.

Finalmente, los productores agropecuarios tendrán que demostrar una vez más su creatividad para enfrentar y dominar todas las adversidades, siempre acompañados de la Justicia Divina, porque la terrenal, al menos en Venezuela, se fue de vacaciones.

María Isabel Albers
Médico Veterinario
Prof. Cátedra de Producción Animal
FCV-UCV.
marisabelalbers@yahoo.es

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