
Los números divulgados el viernes son una nueva señal de debilidad de la economía japonesa y podrían llevar al Banco de Japón a extender el respaldo para el mercado financiero corporativo más allá del plazo de vencimiento de septiembre, aunque sin un retorno a la política de flexibilización cuantitativa total, según analistas.
El derrumbe del índice de precios al consumidor (IPC) subyacente, que incluye precios energéticos, fue en parte impulsado por el declive de 70 por ciento en los precios del crudo entre julio y octubre del año pasado.
El dato del viernes fue la mayor reducción desde que empezaron los registros del IPC en 1970, aunque inferior a la proyección de los economistas, de 1,2 por ciento.
Tras salir de casi una década de deflación después del colapso de una burbuja de las propiedades en los años de 1990, la economía ha sido golpeada por la crisis financiera global que comenzó en el 2007 con el desplome hipotecario de Estados Unidos, publicó Reuters.
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